Vivimos una época en la que la tecnología avanza a una velocidad que asusta. La inteligencia artificial, los avances en biotecnología, la vigilancia global y la interconexión de todas las cosas ya no son ciencia ficción: son el escenario en el que vivimos. Para el creyente, esto plantea una pregunta inevitable: ¿qué debemos observar a la luz de las profecías bíblicas?
No es el fin, es el escenario
Es fácil caer en dos extremos: el pánico, que ve el fin del mundo en cada noticia, y la indiferencia, que no quiere pensar en nada. La Biblia nos llama a un terreno intermedio: estar despiertos sin vivir aterrados. Jesús dijo que veríamos señales, pero también que el que persevere hasta el fin será salvo. La vigilancia no es miedo; es preparación.
No debemos temer el futuro, pero tampoco debemos ignorarlo. El discernimiento es el regalo del creyente en tiempos de confusión.
¿Qué debemos observar?
Primero, la centralización del poder: nunca antes un liderazgo global había sido tan imaginable. Segundo, el control de la información y del comportamiento: la tecnología permite hoy lo que hace mil años era imposible. Y tercero, la paz como promesa: la Biblia advierte que se hablará de paz cuando en realidad se prepara algo distinto.
El llamado a discernir
El discernimiento no es paranoia; es sabiduría espiritual. Significa leer las Escrituras con atención, conocer a Dios lo suficiente para reconocer lo que no viene de Él, y mantener el corazón firme. Mientras muchos se dejan llevar por cada teoría, el creyente firme se ancla en la Palabra y en la oración.
Los tiempos son inciertos, sí. Pero para el que confía en Dios, no son tiempos de miedo, sino de oportunidad. Vivir con discernimiento es vivir con propósito: sabiendo qué observar, en quién confiar y hacia dónde caminar. Esa fue la reflexión central de Tekiá, y sigue siendo una pregunta vigente para cada uno de nosotros.


